lunes, 28 de diciembre de 2009

" Entre las pocas experiencias que he realizado en el camino hacia el auténtico objetivo de mi vida se cuenta la contemplación de esas imágenes. La entrega a las formas irracionales, complejas y extravagantes de la naturaleza produce en nosotros un sentimiento de concordancia entre nuestro interior y la voluntad que las ha producido. Nos sentimos inclinados a creerlas caprichos nuestros, creaciones propias; vemos vacilar y disolverse la frontera entre nosotros y la naturaleza, y adquirimos conciencia de un estado de ánimo en el que no sabemos si las imágenes que estamos viendo provienen de impresiones exteriores o interiores. En ningún otro momento descubrimos con tanta facilidad la medida en que somos creadores, en que nuestra alma participa constantemente en la recreación de la vida. Una misma divinidad indivisible actúa en nosotros y en la naturaleza; y si el mundo exterior desapareciera, cualquiera de nosotros sería capaz de reconstruirlo, porque los montes y los ríos, los árboles y las hojas, las raíces y las flores, todo lo creado en la naturaleza, ha sido previamente crado en nosotros: proviene del alma, cuya esencia es eterna, y escapa a nuestro conociemiento, pero que se nos hace patente como fuerza amorosa y creadora."







Demian. H.Hesse

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