jueves, 10 de noviembre de 2011

"Allí donde solíamos gritar"


Siempre he 'admirado' el potencial de la gente para criticar, para gritarle al mundo sus propios juicios, lo que le parece bien o lo malo -a sus ojos, obviamente- personalmente me da igual. No moriré por la opinión de alguien con la cual no esté de acuerdo. Pero sí me jode, realmente, cuando lo hacen con la música. Es claro que todos quienes tienen conocimientos 'académicos' sobre el tema entienden que hay ciertos tiempos, ciertas notas, ciertos arreglos que pueden hacer maravillas o también convertir una pieza musical en la peor mierda sonora. Puede ser que sea una idealista-sentimental-cursi-y-lo-que-ustedes-quieran-agregar pero no soporto los 'policías musicales' que al escuchar un tema lo desechen o lo acepten por razones como 'la batería va destiempo' y no sientan más allá de eso. Que sean como especies de máquinas. Me chocan esas actitudes. Para mí, cosas como la música sobrepasan a la lógica. Una melodía puede destrozarte. No se hacen necesarias las etiquetas ¿por qué tienen que existir esas etiquetas? ¿por qué encasillar en un molde algo que debería estar en completa libertad?
Para mí, la música es expresión, es transmisión, es sensación. Y es aún mayor el gusto por ella cuando te lleva a encontrar pequeños trozos de tu historia personal colgada en algún que otro verso.

Hace tiempo escuche a una banda, pero fue solo eso, escuchar, por encima. No le dí más importancia porque en ese momento estaba distraída. Pero a la vuelta del tiempo, me topé nuevamente con ella y en este caso caló más que hondo. No sé si tenga que ver con las cosas que han pasado, con lo que he pasado... pero como dije, hay veces en que la música te destroza de una manera hermosa y este es el caso.


No me gusta recomendar grupos-cantantes, pienso que es algo personal, si a alguien le pica la curiosidad... escuche este tema.





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